Cómo se gestó «Contigo en la distancia»

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Por Jaime Gómez (extraído del blog «El Rincón de Jaime Gómez-Hernández»)

Maldito coronavirus. Llevamos ya un mes de encierro domiciliario y la falta de contacto físico con el mundo exterior se echa cada vez más de menos. No así el contacto virtual, que se ha multiplicado exponencialmente con publicaciones en redes sociales, conferencias a través de internet y reuniones alrededor del ordenador de cada uno. Y de repente parece que nos falta tiempo con la ingente oferta de contenidos: libros gratuitos para leer, kioskos enteros por ojear, colecciones de películas que nunca pensaste ver y emisiones en directo en plataformas varias de sesiones de magia, gimnasia o cocina. Como me comentaba un buen amigo: «Te pones a no hacer nada y es un no parar».

Yo no me he quedado ajeno, ni a la situación de distanciamiento social, ni al no parar de actividades por ponerme a no hacer nada. Así que, ingenuo de mí, y ante la proliferación de vídeos con coros y orquestas virtuales, se me ocurrió plantearme la posibilidad de montar uno involucrando a mis compañeros del Orfeó Valencià. Acabábamos de participar Inma y yo en la propuesta de Pablo Abarca para crear una orquesta y coros virtual de la mítica «Tubular Bells» y se me ocurrió que no debería de ser tan difícil hacer algo similar con las voces del Orfeón. Error. No sabía dónde me metía.

El domingo 29 de marzo envío un correo a todos los miembros del Orfeó con la propuesta: hacer una versión virtual del tema «Contigo en la distancia» de César Portillo de la Luz y arreglo de nuestro pianista Jesús Debón. El tema, o al menos su título, era apropiado para la situación de distanciamiento social en el que nos encontramos y lleva muchos años en el repertorio del Orfeón, así que prácticamente todo el mundo lo ha cantado. Ese domingo envié unas bases de audio con el acompañamiento de piano y la voz de cada cuerda resaltada fruto del trabajo de Vicent Albert, quien, pacientemente, transcribe todas las obras que ensayamos a formato digital para facilitar su estudio. Jesús Debón, arreglista del tema, rápidamente se pone en contacto conmigo para proponerme unos audios un poco más pausados y acordes al estilo con el que solemos cantar este tema. Alerto a todos los posibles participantes del cambio, reenvío los nuevos audios, y pocas horas después llega la primera contribución de Arturo, el jefe de cuerda de los bajos. Durante la semana van llegando el resto de vídeos, hasta un total de 43, más el vídeo de Jesús tocando el piano y el de Josep Lluís dirigiendo.

Cuarenta y tres vídeos, de cuarenta y tres voces con sus timbres particulares, con volúmenes de grabación dispares, en formatos diversos, cada uno comenzando en un instante diferente, que yo pensaba que solo tenía que cargar en el programa Audacity buscar un golpe de música fácilmente identificable en el piano y en la voz, alinear los audios en ese punto y trabajo terminado —al fin y al cabo, todos habían usado la misma base de audio para grabar el vídeo—. Pero si ya hay desajustes cuando cantamos todos juntos, cómo no iba a haberlos cuando cada uno ha hecho la grabación por su cuenta, sin ninguna directiz, con la única referencia de la base del piano.

Las primeras pruebas sonaban a jaula de grillos, un rifirrafe de voces a ver quién da más sin ningún empaste. Se podía distinguir prácticamente a todos y cada uno de los 43 cantantes. Estaba usando el programa Audacity, un programa potente pero de uso muy artesanal en comparación con programas profesionales como Cubase o Pro Tools. Pero Audacity es de distribución libre y los otros tienen un importante coste.

Tuve que remangarme y recurrir a nuestro instructor preferido en tiempos de coronavirus: YouTube. Tras varios intentos fallidos pude encontrar algunos tutoriales que hablaban precisamente de cómo empastar voces en un montaje digital (para unas canciones de rap, poco que ver con el sonido coral que perseguía) y ahí aprendí las palabras mágicas de comprimir, reajustar a cero decibelios, ecualizar y reverberar. (Los que sepan de procesado de audio ya me entienden). Siguiendo las instrucciones de esos tutoriales conseguí pasar de una jaula de grillos a un conjunto de voces con una sonoridad aceptable.

El siguiente escollo fue coordinar las imágenes de vídeo con el sonido de los ficheros de audio. Aunque el programa que he usado para la edición de vídeo, Video Editor-Movie Edit Video para MacOS, permite el montaje de los vídeos con sus respectivos audios, no permitía ninguna edición del audio, así que había que preparar audio y vídeo por separado y después unirlos en el montaje. El programa de edición de vídeo era capaz de incorporar varios fragmentos de vídeo independientes, cada uno con una posición diferente en la línea temporal, en un único fotograma en cualquier posición del mismo, logrando, por tanto, el efecto mosaico de las caras de todos los participantes que perseguía. Pero el problema apareció cuando el número de pequeños vídeos que tenía que procesar el programa se incrementó por encima de media docena. Hasta ese momento, cualquier cambio en la edición podía verse inmediatamente en el programa, pero para números más grandes el programa no podía procesar en tiempo real tantos vídeos y era necesario generar el fichero final para visionarlo y apreciar cómo quedaban los cambios. Con los 45 fragmentos, el procesado de los tres minutos de vídeo se alargaba casi una hora, así que había que ser preciso con los cambios y minimizar su número.

Inicialmente no encontraba la forma de posicionar con exactitud el vídeo en la línea de tiempo para que los labios de cada uno cuadraran con el sonido del audio. Empecé de manera muy pedestre, estimando a ojo el instante de entrada de cada uno y posicionando el vídeo en ese instante; pero mi ojímetro tenía un error de más-menos un segundo y había veces que acertaba y otras que me quedaba corto o me pasaba. El problema no terminaba aquí, había participantes que me enviaron dos ficheros uno de audio y otro de vídeo sin relación entre ellos, algunos solo moviendo los labios en el vídeo, con lo que en estos casos no podía usar el audio para guiarme en el vídeo. Al final descubrí que analizando el vídeo con el programa de audio y siempre y cuando vídeo y audio provinieran del mismo archivo podía identificar, en Audacity, la posición exacta del comienzo del vídeo (con un error de una centésima de segundo) y ese valor es el que usé para incorporar el fichero al editor de vídeo.

Me faltaba el vídeo del director dirigiendo, y la impaciencia entre los participantes empezaba a hacerse notar. Especialmente de los que enviaron sus contribuciones al principio. Aproveché para enviarles los borradores en la situación en la que estaban, hasta que les envié el último borrador en el que solo quedaba un cuadrado por rellenar, el del director.

Y llegó el vídeo esperado, pero con la advertencia de que antes de publicar el producto final había que comprobar la calidad del audio. Inserté el vídeo del director en su casilla, centrado en la fila inferior de la retícula de nueve por cinco, perfectamente coordinado con el audio (ahora ya sabía cómo hacerlo) y le envíe el resultado para su evaluación. Debo de reconocer que no había hecho una revisión exhaustiva de las pistas de audio, ni siquiera había filtrado la discordancia en la letra que uno de los tenores debía de tener en su partitura con respecto a la partitura original. Y, obviamente, el resultado no pasó el escrutinio de Josep Lluís.

Se llegó a plantear el empezar de cero y solicitar nuevos vídeos aprovechando que ahora además de la base de audio teníamos el vídeo del director. No me lo podía creer, mucho menos imaginar. No podía dar por perdidas el importante número de horas ya invertidas. Así que me armé de paciencia (y valor, aunque este se me supone) y el domingo de Pascua, a falta de paseo y paella campestre, revisé una por una las 43 pistas de audio, corrigiendo todos los descuadres que encontré, ya fuera en letra, en tempo, o en intensidad de la voz, y me quedó un producto que me pareció suficientemente bueno para que, ahora sí, pasara el examen del director.

Pero antes de enviárselo al director, decidí preguntarle al arreglista y pianista, Jesús. Si Josep Lluís fue estricto en su valoración, Jesús no lo fue menos y reconociendo y agradeciendo el trabajo realizado, todavía veía problemas en unas notas sincopadas de las voces de los hombres que realmente no le gustaban. Y se ofreció a echarme una mano en esta última edición. Así que le hice llegar las pistas de los hombres, que él analizó y después me devolvió para su inclusión en el audio final.

Cuando me llegan las correcciones y las incorporo, ¡las síncopas van adelantadas casi un segundo! Entro en pánico, o yo no sé que es una síncopa o mi oído ha desaparecido o el bucle de tres minutos que llevaba escuchando una y otra vez durante los últimos diez días me había trastornado. Pero no, verifico con Jesús que, efectivamente, en el momento de la exportación de sus archivos, estos se habían desplazado un segundo.

Corrijo el segundo de desplazamiento y genero la primera publicación en YouTube, que solo le paso a Josep Lluís y a Jesús para su visto bueno final antes de publicitarla, esperando que fuera la definitiva.

Me fui (desde el despacho al dormitorio, un trayecto de casi 5 metros de distancia) a mi sesión diaria de acondicionamiento casero bajo la dirección de Jen, una de las monitoras de la UPV que en estos días de confinamiento retransmite todos los días a las 12 horas una sesión cañera de ejercicios cardiovasculares y de fuerza desde el salón-gimnasio de su casa, cuando me llamaron ambos para decirme que el vídeo ya estaba bien, pero (siempre hay un pero) que podría hacerse una pequeña última corrección…

Eran las dichosas síncopas, que por poco me producen un síncope. Hice las últimas (ahora sí) correcciones que sugirió Jesús y a las 20:30 del 14 de abril, dieciséis días después de que lanzara mi propuesta, y tras invertir muchas más horas de las que hubiera imaginado publicitaba la versión de YouTube de Contigo en la distancia cantada virtualmente por un grupo de miembros del Orfeó Valencià.

La acogida ha sido espectacular. Mientras escribo esta crónica solo han pasado 11 horas y ya se ha reproducido más de 3000 veces. No está mal para mi primer trabajo de meritorio en montaje audiovisual.

Y gracias, mil gracias, a todos los que habéis participado, incluidos Josep Lluís y Jesús, por supuesto, que me hicieron sufrir un poco, pero siempre en aras de generar la mejor versión posible con el material disponible, que ni era de estudio, ni estaba en manos de un profesional.

Hoy estoy Contigo en la distancia.


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