Rememorando cómo se hizo la exposición del 50 aniversario

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Del 7 al 30 de mayo, la Sala de Exposiciones de la Societat Coral El Micalet, ha albergado la exposición antológica de los 50 años del Orfeó Valencià. Mayte Esteve nos narra la forma en que vivió, en primera persona, el proceso de realización de este momento tan importante en los actos del cincuentenario.

Por Mayte Esteve

El collage fotográfico atrapó a muchos de los visitantes

— Oye Mayte, ¿tu me ayudarías, si preparamos una exposición? Aún no está claro, pero tenemos la idea de montar una para conmemorar los 50 años del orfeón. Yo conservo todos los trajes. Estaría bonito, ¿verdad?

— ¡Claro que sí! ¡Lo que haga falta!

Así empezó todo. Se hizo una primera reunión en la que se barajaban varias ideas: concursos, sorteos, muestras de material archivado… un clásico cuando se recurre al brainstorming.

— Pues el martes que viene, antes del ensayo, sobre las 6, quedamos para ver lo que tenemos guardado.

Dña. Amelia Climent, D. José María Zapater, D. Fernando Morales, D. Juan Toboso (Presidente) y la que suscribe, nos metimos en el cuartito de los baúles cerrados con llave que contenían material de diferente índole y que había que seleccionar: platos, marcos, premios, esculturitas polvorientas, medallas, banderines, cuadros viejos… todo ello sin ningún interés aparente. Juntamos dos mesas y empezamos a poner todos los objetos que creímos de más interés. Ahí estaban esperando a que alguien los resucitara de su letargo.

Una tarde pre-fallas, en la que ya teníamos carromato de churros bajo del local, nuestro imponente D. José María —a partir de ahora Xema—  nos subió unos suculentos churros para ver si conseguía animar “el ambientito» y ver qué más se podía buscar entre sillas, cajas y estanterías.

Aparecieron álbumes de fotos guardados con un cuidado admirable. Fotos con fechas y lugares meticulosamente elaborados por Amelia.

Los churros estaban buenos, pero… ¡qué frio! ¿Y ahora qué hacemos? Paperet en mano y llapissera,  Amelia, Xema y una servidora, elegimos las fotos, las anotamos para poderlas volver a guardar en su sitio al terminar la exposición. Mientras,  Juan y Fernando seguían con la criba del material en stock. Y seguíamos pensando: ¿Ahora qué?

Pasan los días y reunión otra vez. Empezamos a ver un poco de luz: parece que tenemos un «benefactor» que nos ofrece el local: la Societat Coral El Micalet. Biiiiieeeeennnnn! Esto avanza.

Reunión en el Micalet. Nos atienden miembros de su junta directiva, ilusionados y orgullosos de poder cedernos el local, y nos enseñan las salas donde podríamos exponer. Pero claro, no tenemos maniquíes para los uniformes, hay que escanear las fotos (trabajazo para Fernando), la iluminación es escasa y antigua. Nadie sabe comisariar una exposición… “Y con chinchetas las fotos?”; “Y en perchitas los uniformes?… Hasta que llegamos a la conclusión de que necesitamos el auxilio de una empresa especializada en exposiciones.

 Una vez valorados varios presupuestos (Fernando otra vez) con el visto bueno del Presidente y el resto de expertos en «trastos», nos dedicamos a seleccionar, según la importancia, para que pudieran llevarse todo aquello al Micalet y poder hacer algo. Xema y Amelia saben elegir con buen criterio los objetos y fotos más representativas. Están en buenas manos.

Aparecen fotos de compañeros que ya no están en este mundo, de cenas y celebraciones por todas partes, caras sonrientes, alegres, jóvenes (muy jóvenes alguno/a de ellos/as) pero claramente reconocibles y que aún están entre nosotros. Modelitos pop, minifaldas, melenas, barbas, gafas setenteras, ochenteras… y unos recuerdos entrañables de otras épocas en las que después de cada concierto había un ágape (¡fíjate tú!).  ¡Qué recuerdos! A alguien se le escapó una lagrimita. Era inevitable.

Ferran Català, junto a la foto con el Primer Premio en el Concurso de Budapest

Todos los «trastos» fueron retomando su personalidad y aparecieron premios y reconocimientos de varios países, como Italia, Polonia, Estados Unidos… Y un primer premio procedente de Budapest. Hay tantos… A veces, una vez recibidos, jugábamos con ellos y pasábamos de mano en mano en el autobús. «Toma: te ha tocado». Un palito con una banderita, un cuadrito con unas letras… Pues sí: habían cobrado un significado potente, irrepetible, único: era nuestra historia. Eso no lo pueden contar muchos coros.

Mayte Esteve muestra la famosa bota de Ramón Frontera

Apareció también la bota que siempre iba llena de vino en los viajes y era objeto de veneración y culto. Su dueño, que ahora ya no está entre nosotros, Ramón Frontera, la tiene colgada junto a su fotografía en la exposición, como homenaje.  Ahora está seca y algo deshidratada, pero no es menos importante. Y la conservamos. Claro que sí. Cual cementerio de los libros olvidados, ahora es difícil para Amelia y Xema valorar qué tiene más relevancia, porque el tesoro desenterrado es la historia del orfeón y todo tiene mucho significado.

La empresa elegida, toma medidas, valora qué hace falta y tras un presupuesto, el comité de expertos citado anteriormente, con su Presidente a la cabeza, decide que adelante, que nosotros por separado, no solo podemos arruinar la exposición sino a l’orfeó. Decisión difícil de tomar porque se han hecho grandes esfuerzos económicos.

Amelia y Xema, embriagados por tanto recuerdo, observan que la empresa lo está haciendo de maravilla. Vitrina de diseño con premios, honores, cuadros, discos; televisor con unos vídeos de actuaciones importantes; y los trajes, por fin, colocados como mandan los cánones. Ellos, «templaos», elegantes y apuestos, y ellas delgadas y glamurosas, presiden la exposición al lado del piano. No se mueven, pero nos observan. «Queremos unas flores, me dijo a mí la de negro con mascarilla».  Allí fuimos y se las pusimos. Tras varios inconvenientes, todo queda en su sitio. Al día siguiente inauguramos a las 12:00. ¡Uf!

No debo pasar por alto que el vino de honor que se serviría al día siguiente fue catado previamente en una reunión (esta vez 3 expertos: Xema, Juan y una servidora) con suma profesionalidad. Vinos valencianos era nuestro deseo. 

— Oíd, está todo montado. Yo voy a ir. ¿Tú puedes venir, Mayte?

— ¡Claro!

Salgo corriendo de casa, acelero, me da un calambre, acelero más. Iba a pedir un plátano a una señora, como quien pide un cigarrillo, pero me dio corte. Cuando entro doy un grito de alegría y me abrazo al cuello de Amelia. ¡Qué bonito, por favoorrr!!!!!! Pst: El Alcalde de Valencia está fuera y nos observa de reojo. Da una cosa…

Las fotos escaneadas, impresas y sobre cartón pluma, los cuadros colgados, las vitrinas con discos, grabaciones, Cd’s… Qué ilusión!!!!!!!!

Sábado 7 de mayo: por fin llega el día. Una hora antes, aparecemos el comité de expertos. Xema con traje de boda y corbata acompañado de su Sra. esposa (Dña. Conxa) no menos arreglada. Entra Mar con modelo ya de verano y su estiloso porte, Rosa, Juan el Presidente, una servidora con la sensación de que vendrían pocos, porque hacía un buenísimo día y la gente tiene cosas que hacer.

Entra un señor apuesto, bien trajeado mirando a un lado y a otro (era el primer invitado) y, ante su observadora actitud, me dirijo a él:

—Hola, eres ex orfeonista?

—Sóc Remigi… Remigi Morant.

— [Ups] Claro, claro… Como siempre le he visto sentado entre el público y de particular…

[jajaja] “A la primera cullerà mosca». La experta en protocolo, suspendida y cara la pared. Los maniquíes se ríen, pero mantienen la compostura. Menos mal que al poco, llegan Julio Usán Y Amparo Porta, compañeros y amigos personales de nuestro alto cargo y se arregla de inmediato. Empiezan a entrar parejas, tríos, individuos todos y todas conocidos desde hace años, antiguos orfeonistas, familia de Jesús Ribera, orfeonistas actuales que no conocen nada de lo que ahí hay, pero les crea curiosidad y asombro. Poco a poco, en la barra, se van poniendo los vasitos de vino y unas papitas y aceitunas, de los que después daríamos buena cuenta. Abrazos, besos y más abrazos. Emoción de la buena a raudales.

Juan, el Presidente, abre el acto con un discurso elaborado por escrito conteniendo la emoción y contento por el gran aforo. Los asistentes, sonrientes e impacientes por escucharle. Lo hizo muy bien.

Le sigue Josep Guia, de la junta directiva del Micalet, con un discurso bien argumentado y comprometido por la sociedad valenciana; se le notaba satisfecho con tantas personas atentas a sus palabras. Nos hizo entrega del libro Els inicis del cant coral al País Valencià, del que es autor.

Por último, el Mestre. Discurso improvisado pero ocurrente y cariñoso con todos. “Menos mal que venía para estar 4 o 5 años!”, dijo. Muy bien, Josep Lluís. 

Vinitos, saludos, encuentros… La cosa ha funcionado, menos mal. Tengo que reconocer que cuando Juan, el Presidente, nombró a cada uno de los que habíamos formado el comité de expertos agradeciendo el trabajo realizado, me gustó. Oí mi nombre y unos aplausos, luego todos los demás expertos. Aplausos y fiesta como nunca nos pudimos imaginar aquellas tardes frías y deshabitadas en el local.

Xema Zapater y Juan Antonio Toboso replicando la foto del estreno de «Fra Pere el Descalç»

Solo puedo dar las gracias por haber contado conmigo y confiado en mi modesta ayuda. Enhorabuena a todos y cada uno de los que estuvisteis ese día porque nos demostrasteis que el esfuerzo mereció la pena.  Nos acompañasteis y sé que os gustó a la gran mayoría. Por cierto: los maniquíes negros se han liado y la de la blusa roja, se ha enfadado; quiere que la quitemos, pero ya no estamos para más gastos.

Salud a todas y a todos, y vamos a seguir pasándolo bien. ¿Por qué no?

GRACIASSSSS!!!!!!

Categorías: 50 aniversari

2 comentarios

Carmen Furio Viguer viuda de Enrique Guallart. · mayo 30, 2022 a las 8:16 am

Mi hija me ha mandado la información, he disfrutado lo indecible al ver a Amparo Ripoll, Amparo Marti, Xema, Fernando Muñoz y leer el nombre de tantos amigos y recordar las fiestas que hicimos en el chalet, fin de curso, coros que nos visitaban, invitamos a unos americanos a cenar y no sabíamos que eran vegetarianos, tuvimos que cambiar las cena de 50 personas sobre la marcha, nuestras bodas de plata. Nuestra vida en el Orfeón siempre estuvo presente y no solo cuando Enrique Guallart (mi marido) fue PRESIDENTE, Gerlinda nuestra representante en Alemania que colaboro tanto, yo me siento muy satisfecha por mi participación y el Mas importante JESUS RIBERA, fue el alma del orfeón durante todo el tiempo que fue director.

Gracias a todos por vuestro esfuerzo.

    admin · mayo 30, 2022 a las 10:15 am

    Gracias a ti y a tu familia, especiamente un recuerdo muy cariñoso a Enrique Guallart, muchas gracias por haber participado en nuestros actos de aniversario y te animamos a que sigas acudiendo a los que todavía vendrán.

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